Patrimonio del Mar · Menorca

Puerto de Mahón
cinco kilómetros de historia entre el mar y la piedra

Uno de los puertos naturales más grandes del mundo, contado como se escribió: desde el agua. Un recorrido por sus islas, fortalezas y leyendas, del fondo del puerto hasta la bocana.

Un enclave codiciado durante siglos

Uno de los Puertos Naturales Más Grandes del Mundo

El Puerto de Mahón es una rada natural extraordinaria: casi cinco kilómetros de aguas profundas y abrigadas que se adentran en Menorca desde el Mediterráneo. Esa capacidad de cobijar flotas enteras a salvo de los temporales lo convirtió, durante siglos, en una de las llaves estratégicas del Mediterráneo occidental.

No es casualidad que británicos, franceses y españoles se disputaran Menorca a lo largo del siglo XVIII: lo que querían, en realidad, era este puerto. Los ingleses trasladaron aquí la capital, levantaron hospitales y fortalezas, y dejaron una huella que todavía se respira en la ginebra, en las ventanas de guillotina y en el propio trazado del puerto. Recorrerlo navegando a vela es la forma más fiel de leer esa historia, porque es exactamente desde donde se escribió.

La bocana del Puerto de Mahón abriéndose al Mediterráneo, entrada natural del puerto natural de Menorca
Parada a parada

Qué Ver en el Puerto de Mahón, del Fondo a la Bocana

Zarpamos desde el fondo del puerto, junto a la ciudad de Maó, y vamos descubriendo cada hito mientras navegamos hacia mar abierto. Estas son las paradas que iremos viendo a bordo.

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El fondo del puerto y la ciudad de Maó

El recorrido arranca en la parte más resguardada, junto a la capital de Menorca. La ciudad de Maó creció mirando al agua, encaramada sobre los acantilados del puerto, con sus muelles, sus escaleras y los antiguos almacenes de comerciantes. Desde el mar se entiende de un vistazo por qué la vida de la isla giró siempre en torno a esta dársena: aquí llegaban las mercancías, las noticias y los ejércitos.

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La Isla del Rey (Illa del Rei)

Debe su nombre al rey Alfonso III de Aragón, que desembarcó en ella en 1287 para conquistar Menorca. Pero su fama llegó con los británicos: en 1711 levantaron sobre la isla un hospital naval —el primero de su clase en el Mediterráneo— para atender a las tripulaciones de la Royal Navy. Tantos marineros enfermaron y murieron entre sus muros que los ingleses la bautizaron como “Bloody Island”, la isla sangrienta.

Hoy, rescatada del abandono por un ejército de voluntarios, la Isla del Rey ha vuelto a la vida: conserva una basílica paleocristiana del siglo VI con mosaicos excepcionales y, desde 2021, acoge una sede de la prestigiosa galería de arte internacional Hauser & Wirth. Pocas islas reúnen tanta historia en tan poco espacio.

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La Illa Plana y las islas de la cuarentena

Muy cerca asoma la Illa Plana, una pequeña isla que durante siglos funcionó como primer filtro sanitario del puerto. Antes de que existiera el Lazareto, aquí se aislaba a los barcos sospechosos de traer enfermedades. Era la antesala de la cuarentena, un recordatorio de que el Puerto de Mahón también fue, durante mucho tiempo, una frontera contra las epidemias del Mediterráneo.

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El Lazareto de Mahón

Es, probablemente, el monumento más impresionante del puerto. El Lazareto es una colosal estación de cuarentena amurallada, construida entre 1793 y 1817 sobre una isla, para aislar a tripulaciones y mercancías que pudieran portar la peste, la fiebre amarilla o el cólera. Sus murallas de varios metros de altura separaban a los aislados del resto del mundo: nadie entraba ni salía sin cumplir el encierro. Funcionó hasta comienzos del siglo XX y, contemplado desde el mar, conserva intacta toda su fuerza.

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Golden Farm y la leyenda de Nelson

En la orilla norte destaca una elegante casa colonial de tonos rojizos, conocida como Golden Farm (Sant Antoni). La leyenda asegura que el almirante Nelson se alojó en ella durante su paso por Menorca. Pocos historiadores lo dan por seguro, pero el relato ha quedado para siempre unido a la casa más fotografiada del Puerto de Mahón.

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Cala Teulera, el fondeadero a la sombra de la fortaleza

Casi al final del puerto, una cala resguardada se abre a un costado: Cala Teulera, un fondeadero tranquilo protegido por la mole de La Mola. Es uno de esos rincones donde el puerto invita a parar, echar el ancla y mirar atrás todo el camino recorrido antes de asomarse al mar abierto.

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La Mola, la Fortaleza de Isabel II

Custodiando la entrada se levanta La Mola, la Fortaleza de Isabel II, una obra militar colosal construida entre 1850 y 1875 para hacer del puerto una plaza inexpugnable. Kilómetros de murallas, túneles y baterías excavadas en la roca dan idea de hasta qué punto se valoraba este enclave. Vista desde el agua, su escala resulta sobrecogedora.

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La bocana, la puerta al Mediterráneo

Y al fin, la bocana: la estrecha boca por la que el Puerto de Mahón se abre al Mediterráneo. Marca el límite entre las aguas calmas de la rada y el mar abierto, y es el punto donde se entiende, de un solo vistazo, por qué este puerto fue tan deseado: un único acceso, fácil de defender, que durante siglos guardó uno de los fondeaderos más seguros del Mediterráneo. Cruzar la bocana a vela, con el faro a un lado y la fortaleza al otro, es el broche perfecto del recorrido.

Velero Elan navegando por el Puerto de Mahón durante una excursión privada en Menorca
Del mapa al agua

Recorre el Puerto de Mahón en Velero

Toda esta historia se ve mejor a vela, en silencio y sin prisa. Nuestra travesía de dos horas por el Puerto de Mahón sigue justo este recorrido —de la ciudad de Maó a la bocana— mientras brindas con una copa de cava a bordo. Un plan privado para hasta 8 personas, a precio cerrado todo el año.

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